Estamos iniciando una nueva campaña y nuestros productores nuevamente se arriesgan a invertir en un panorama donde los margenes no son prometedores. Hoy las retenciones y la elevada carga impositiva hacen que producir en el norte sea insostenible. De este modo, al contar con márgenes brutos extremadamente negativos, se pone en riesgo la viabilidad de la producción en la región obligando a optar por las especialidades con nichos acotados lo cual genera una sobre demanda poniendo también en riesgo el negocio de estas.
En este contexto de márgenes ajustados, precios internacionales volátiles y la falta de estabilidad económica interna, las retenciones dejan al productor trabajando a pérdida o con rentabilidad marginal, especialmente en zonas con menor productividad o altos costos logísticos como Salta, Jujuy o Tucumán.
Creemos que este sistema no es coparticipable, lo cual debilita el federalismo fiscal; se aplica con un criterio único a un país que es profundamente diverso, castigando especialmente a las zonas alejadas de los puertos, como el norte argentino y no son “progresivas” ni “temporales”: se han convertido en una herramienta fiscal estructural que extrae recursos de las economías regionales sin reinversión real.
Entonces ¿vamos a seguir preguntando en qué afecta al productor el sistema de retenciones?
• Reducen el incentivo a producir, sobre todo en regiones marginales donde la ecuación económica ya es ajustada.
• Desalientan la inversión en tecnología, rotación de cultivos y mejora de infraestructura.
• Distorsionan las decisiones productivas, llevando al productor a sembrar lo que “menos castigue el Estado” en lugar de lo que más conviene técnica o ambientalmente.
• Dificultan la generación de saldos exportables: menos siembra, menos cosecha, menos dólares para el país.
• La combinación entre retenciones + brecha cambiaria + inflación = pérdida sistemática de competitividad.
En resumen, se está exportando cada vez más esfuerzo con cada vez menos recompensa.